Si caminas por cualquier puente peatonal en la Ciudad de México, notarás que una manta lechosa color polvo se ha posicionado en torno a nosotros dificultando la visibilidad, de tal forma que los altos edificios de Reforma no serán visibles a pensar de encontrarse a relativamente poca distancia. Seguramente subir las escaleras del puente peatonal te pesa, te cuesta respirar y te quedas sin aliento con facilidad. O tal vez no notes nada de lo anterior excepto tal vez el detalle de la contaminación que pende sobre nosotros, pero tienes cosas más importantes en qué pensar como para notar que de hecho hacer ejercicio al aire libre se vuelve complicado.
También puede ser que andes en transporte público. Si vas en metro tal vez notes que el aire se torna cada vez más caliente y el ambiente más sofocante de forma que, aunque respiras, a tiempos te quedas sin aire y te mareas. El metro avanza lento y se detiene, las masas aumentan, los lugares escasean. Ocupas tu atención en detalles insignificantes de los alrededores, tal vez en tu celular o te encuentras absorto en tus pensamientos, tal vez escuchas música e ignoras todo lo demás. Puede que odies el trayecto y te parezca tedioso, puede que no. De cualquier forma no piensas en los suicidios que ocasionalmente causan retrasos en os trenes, o en la basura que tiran a las vías y crea cortos. Si eres mujer tal vez vayas al pendiente de tus alrededores por aquello de los secuestros que se han registrado últimamente, pero si el tema te tiene sin cuidado, igual y la cuestión no se pase por tu cabeza. De cualquier forma no piensas en tu cuerpo y lo que te dice persé, no centras tu atención en la falta de aire que sientes entre la multitud, en el ruido, en la basura del piso pues esto es cotidiano.
Si vas en camión o taxi, forzosamente piensas en el tráfico. Odias a cada automovilista frente a ti que impide al transporte avanzar con prontitud y antes que después terminas por maldecir a cada persona que se cruza por tu camino. Es temprano, vas absorto, vas estresado. No piensas ni en smog ni en unicel. Compras tus alimentos fuera y te dan bolsas y recipientes desechables. Vas pensando en si te van a asaltar por la calle, vas pensando en dinero, en gastos, en el hogar, el el trabajo, en la escuela, en la familia, en ti mismo y tu entorno inmediato. Mayormente.
Ves la tele, juegas con el celular. Construyes, acomodas, editas y modificas tu perfil en las redes. La gente ve y sabe quién eres. Piensas en tu apariencia, en lo que los demás piensan de ti. Sientes autoodio y satisfacción. Compras ropa nueva, zapatos, herramientas, vehículos, objetos, cosas que se presumen de un momento a otro en alguna situación. Y piensas en ti, en tus alrededores, y caminas por la Ciudad así, pensando en ti. Necesitas dar una imagen y que la gente sepa quién eres. Necesitas que las marcas que usas expresen quien eres. Necesitas que los objetos que tienes describan quién eres. Y tú eres en tanto adquieres. Te adornas, te diviertes, bebes. Tal vez ocasionalmente consumas alcohol, drogas o un ocasional toque. Y así eres.
Tal vez piensas en tu pareja, tal vez no tengas una. Pero eres y te construyes, te defines y los demás te ven, y tú los ves. Quieres satisfacciones, amor, compañerismo, aventura. La televisión y las redes te brindan un placer indefinible, y eso eres. Lo que ven eres, lo que expresas eres, si te aprueban, o aún si te reprueban, eres.
En todo este tiempo tal vez notaste la basura, o que poco a poco hay menos insectos, aves y plantas a tu alrededor. Tal vez viste a la Ciudad crecer y los lugares verdes reducirse. Pero te gustan las nuevas plazas comerciales y paseas ahí de vez en cuando sintiéndote a gusto rodeado por tanto blanco. Agradeces más calles y menos terracerías. Tal vez piensas en los problemas de la Ciudad de vez en cuando y sólo si te incomodan directamente, pero fuera de ello tienes cosas mejores en qué ocupar tu atención.
No has notado que tu esfuerzo físico se redujo a caminar, correr ocasionalmente, y subir escaleras. Piensas que aún así eso es tedioso y cansado. Tu mente está depositada en otro lado, muchas veces en dispositivos fuera de ti. Tus sentidos (¿y qué es eso?) están apagados. Hay tanta gente y tanto ruido y tantos estímulos y tantas cosas que llegas a sentir ansiedad a tiempos y tal vez no lo notas. Te estresas y no sabes por qué. Tu cuerpo es a veces un estorbo, no se ve como quieres que se vea ni tiene la condición que quieres que tenga. Aún así le tomas fotos para saber si tu opinión es errada y dejas que los demás te digan que no es así.
En todo este tiempo no has puesto tus ojos en el cielo, o tal vez sí, y aún si notaste la contaminación que pende sobre nosotros, no le dedicas más que un minuto a eso, tienes que pensar en otras cosas.
Quieres romance, aventura, riesgo y peligro, pero en el día a día no hay tiempo para todo eso junto. Hay prioridades, o algo así.
Prioridades, dicen todos. ¿Quién se va a ocupar del clima, de la contaminación?, que lo haga el gobierno. Eso puede esperar, la economía es más importante, la salud es más importante, la política, la estética, lo que sea es más importante. ¿A quién le preocupa que en febrero haga calor?, qué bueno, si acaso, porque el frío es insoportable y no me deja usar short.
Pero hay un pequeño problema con todo esto y es que para tener tiempo de pensar en tus cosas, debes de tener plenitud y seguridad para hacerlo. En realidad te defines como una persona limpia porque tiras la basura en su lugar, por tanto no existe una conexión entre la basura que generas y la que hallas en la calle y tapa las coladeras porque no la tiraste tú. O igual y sí pero el barrendero se puede ocupar, para eso le pagan. Es una basura o dos, todos lo hacen y al cabo ya está sucio.
¿Adónde va la basura que generas?, a un vertedero donde ensucia la tierra. ¿De verdad se puede decir que uno es "limpio" si aún ensucia?. El problema ni siquiera es ése. El problema es la forma en la que piensas el mundo.
Sucede ser que cada persona de esta Ciudad es exactamente lo mismo que tú: un ser humano. Sucede ser que de hecho, y con toda probabilidad, le molestan las mismas cosas que a ti. Pero a ti no te importan los demás persé, no los conoces, te importas tú. La contaminación la genera alguien más, al igual que la basura, no es tu culpa, no tiene que ver contigo y de cualquier forma los demás son miserables e infelices porque quieren, son pobres porque no trabajan.
No tienes tiempo de sentir empatía por gente que no la "merece", ni puedes porque eres ignorante y no lo sabes. Pero eso no lo debo de decir.
Tengo una idea que quiero que leas:
El cuerpo es el medio primario de conexión entre nosotros y la realidad, el cuerpo siente y piensa pero no necesariamente en palabras. El cuerpo te indica si hace frío o calor, si sientes placer o dolor, te indica muchas cosas pero para ti incluso eso es un objeto, una cosa extraña que montas y usas pero que a tiempos te incomoda por no tener la forma que quieres que tenga. Como tal objeto, lo tratas y sin embargo no lo es. Tu eres un reflejo (nadie sabe de qué) expresado en cosas fuera de ti: tú eres tu imagen en las redes sociales, la ropa que vistes, el transporte que usas, los objetos que adquieres. Tú eres el color de tu tinte del pelo, la forma de tu cuerpo, tu título universitario, tu empleo. Tú eres algo que se expresa externamente a través de aditamentos. ¿Y quién eres?
El cuerpo no es un objeto, es el medio primario de comunicación con el medio. El cuerpo requiere tratarse con amor, alimentarse con amor, ejercitarse con amor. El cuerpo requiere amor porque tú no eres tus aditamentos sino tu cuerpo. Tú eres las zonas de tu piel donde sientes placer, y eres los presentimientos que te llegan desde las tripas, eres tus hábitos para dormir, tus recuerdos y tus experiencias. Eres tus sentimientos inexplicables, tus accidentes y dolores musculares. Tú eres en tanto habitas tu cuerpo en vez de solo utilizarlo. Tú eres lo que amas y sin embargo odias tu cuerpo a ratos.
Tú eres tu cuerpo y sin embargo no sientes ni preocupación ni empatía, ¿por qué es eso?
La empatía es reconocimiento. Viene de entender que tienes un cuerpo y que el otro (quienquiera que sea) también posee un cuerpo en el cual experimenta las mismas sensaciones que tú. Para sentir empatía es necesario sentir con el cuerpo, y sin embargo no sientes tu cuerpo sino lo montas y lo adornas sin experimentarlo, vivirlo o ejercitarlo. Tendrás tus razones.
La ciudad por sí misma no ofrece tantas formas de experimentar con tal cuerpo, todas las banquetas son grises y planas, lo mejor que puedes hacer con ellas es saltar o correr. La vista es monótona, casas en obras negras y grises, casas mal pintadas de tonos chillantes, edificios altos y cristalinos que intentan imitar el color del cielo casi como un plagio o una parodia de su magnificencia, parques y calles llenas de autos brillantes. Demasiado ruido te aturde así que lo omites, lo ignoras o lo cubres con música. Demasiada publicidad te irrita, estereotipos, cosas que deseas y demás te obligan a ver sin mirar. La comida viene empaquetada y toda sabe igual. Ya no permites que nadie te toque y el contacto te parece incómodo, si puedes, pasas frente a la gente sin saludar.
¿Lo notaste?, todos tus sentidos están aturdidos a la vez que tu cuerpo se está atrofiando. La ciudad te ha obligado a inhibir tus sentidos y la cultura te ha permitido construirte una burbuja virtual y estética. Tu existencia no está en ti sino en tus objetos y etiquetas, ¿dónde te encuentras si no vives en ti?
Así que concretamente, esta es mi teoría: no sientes empatía porque no puedes. No hay plantas suficientes para que entiendas que sólo en su abundancia serás capaz de sentirte tranquilo porque toda tu vida las has visto desaparecer y para ti es normal. No usas tu cuerpo lo suficiente para entender los sentimientos de otros, ni hay animales suficientes para que conectes con ellos. No tienes consciencia suficiente para entender que la basura que ensucia las calles es exactamente la misma basura que produces y ordenas en casa, pero no en un vertedero sino en tu cara, y ya sea por omisión o cultura, no abandonas tus hábitos de consumo. No tienes consciencia del ciclo del agua ni del carbono, estás cegado y asinado en una Ciudad donde las opciones son muchas pero el tiempo es poco y la basura aumenta y se torna inevitable.
No puedo pedirte que tengas consciencia ambiental si no eres capaz de sentir empatía en primer lugar, empatía contigo y con los demás. No puedo pedirte que seas consciente si no tienes la posibilidad (intelectual o adquisitiva) de alimentarte sanamente con cosas no empaquetadas por aquello de los conservadores, de ejercitarte adecuadamente para entender cómo funcionan tus músculos, de socializar genuinamente para que otros te parezcan cercanos y no molestos, de reconocerte en plantas y animales como para cuidar de ellos. No puedo pedirte que te preocupes por el medio ambiente cuando ni siquiera te preocupas por ti mismo del todo, por tu cuerpo, por tu entorno, por lo que eres en realidad, y es que no hay tiempo.
No puedo pedirte nada de eso y solo puedo darte mis condolencias: lamento que hayas nacido en este mundo que se pudre junto conmigo, lamento que el clima empeore y la vida se complique, lamento que el agua escaseé, lamento que nuestra supervivencia esté en juego, lamento todo esto. Pero también lamento que hayas tenido una educación de alguna forma carente que no te enseñara a conectar con otros seres vivos y no seas capaz de experimentar continuamente el goce de establecer vínculos con personas, animales y plantas a la vez. Lamento que tengas tanta necesidad de aceptación mal direccionada debido a la cultura que pienses que necesitas adquirir cosas para ser reconocido y valioso. Lamento que el valor de tu existencia esté basado en tu trabajo, en tu rol, en tu apariencia. Lamento que sea complicado conectar con otros y siempre te sientas solo y vacío. Lamento que seas incapaz de expresarte sinceramente por miedo al escrutinio, y que entre tus amistades no se encuentren personas dispuestas a hablar con apertura de estas cosas. Lamento que seas tan ignorante de las circunstancias que el medio ambiente no te importe como si vivieras en Marte, que las luchas campesinas no te importen, que los animales no te importen, que los bosques no te importen. Básicamente lamento que tu existencia sea tan vacía de sustancia que lo único en lo que pienses escuetamente sea en ti mismo, tus necesidades, y que nuestra sociedad sea así.
Todos visualizamos al mundo en torno a nuestra comodidad y no a partir del sentido común y la consciencia, porque el confort se ha vuelto lo más inmediato, la orden del día, aquello a lo que debemos aspirar, lo empaquetado, lo industrializado, lo que está a la mano para ocuparnos en algo más. Así pensamos al mundo, intervenimos lo que está a nuestro alcance y no así lo que nos conviene verdaderamente hacer, ecológica y socialmente hablando. El mundo gira en torno a nosotros en vez de girar con nosotros en él, y se refleja en nuestros hábitos de consumo y nuestra forma de interactuar con los demás.
Todos visualizamos al mundo en torno a nuestra comodidad y no a partir del sentido común y la consciencia, porque el confort se ha vuelto lo más inmediato, la orden del día, aquello a lo que debemos aspirar, lo empaquetado, lo industrializado, lo que está a la mano para ocuparnos en algo más. Así pensamos al mundo, intervenimos lo que está a nuestro alcance y no así lo que nos conviene verdaderamente hacer, ecológica y socialmente hablando. El mundo gira en torno a nosotros en vez de girar con nosotros en él, y se refleja en nuestros hábitos de consumo y nuestra forma de interactuar con los demás.
No puedo pedirte que ames a los demás o que te preocupes por los demás de otras formas si ni siquiera te procuras genuinamente a ti mismo porque los alrededores no dan para más, así que sólo puedo comenzar por reconfortarte diciendo: no todo es tu culpa, vives en la Ciudad, y la Ciudad como tal es un lugar que homogeneiza. Todo es gris, similar y familiar. Las calles se parecen. No puedes amar aquello que no conoces, y no conoces a la Naturaleza pues la Ciudad se opone a ella y lucha por erradicarla y controlarla. El ruido aturde, la publicidad aturde, la humanidad aturde. Y todos piensan similar, haciendo casi imposible la transición a un mundo mejor. No puedes amar a la naturaleza porque a tu alrededor ya no existe y no sabes por qué luchar, pero esto es algo que lo vale todo y puede mejorarlo todo.
¿Y el bosque?, el bosque es verde, silencioso y despoblado. El bosque es inconmensurable, se siente en los pies y en las vísceras. La lluvia, que como dios omnipresente no discrimina, es tan natural que en este mundo antinatural en vez de causar regocijo y reverdecimiento, causa tráfico, y eso está mal.
No puedo pedirte que ames al medio ambiente pero sí puedo pedirte que te esfuerces por pensar diferente y te eduques, para poder educar a los demás. Puedo decirte que no comas comida empaquetada porque te hará daño; puedo decirte que hagas ejercicio para aprender a quererte, para sentirte seguro de que ante una emergencia podrás reaccionar; puedo decirte que te ames lo suficiente para leer y cultivarte, que la gente se enamore de tu intelecto; puedo decirte que te ames lo suficiente para hacer crecer tu mundo interior, para valorarte; puedo decirte que te ames lo suficiente para saber que eres interesante y no tienes por qué demostrarlo; puedo decirte que aunque no sabes hacer ni haces nada de esto, creo en que eventualmente lo harás porque debemos de aprender a esforzarnos. Quiero decirte que aunque la apariencia es importante en esta Ciudad, no eres tu apariencia y que aún si lo que eres no te gusta, cambiamos porque esa es la naturaleza de todas las cosas, y siempre puedes volver a reconstruirte en algo pleno. Puedo asegurarte que para vivir sanamente, debes de hacerlo, muchas veces, cuantas veces sean necesarias, y no avergonzarte. Vergüenza debería dar se un ser humano inconsciente cual chamaco. Lo que piensan los demás importa, pero importa más la intimidad que sientas contigo, la seguridad que puedas darte a ti mismo, la armonía que puedas construir en tu entorno.
Cuida de ti cuidando de tu cuerpo, de tu mente, de tus hábitos, que es lo que te constituye como un ser. Cuida de tu cuerpo cuidando al medio ambiente, porque a fin de cuentas el amor a la Naturaleza es la extensión del amor propio. Vivimos aquí y nos alimentamos de ella, vivimos de ella, somos parte de ella, no la dominamos, cuidarla es cuidarnos. Esta parte es importante porque una fracción de solucionar la crísis medioambiental que amenaza con devastarnos en poco más de una década depende de aprender a vivir con plenitud para evitar consumir por cultura, ya que el consumo, en su producción, distribución y venta, es lo que más genera gases tóxicos, residuos contaminantes y basura. Lamentablemente toda la problemática es sistémica y gubernamental, es decir, no la arreglamos cambiando individualmente nuestro estilo de vida. Sin embargo disciplinarnos como sociedad nos habilitaría para exigir que dichos cambios se lleven a cabo pues nuestra subsistencia ya no dependería de dichos sistemas de consumo. Aunque idoneamente sería la nación quien reconozca y se dedique a solventar dichas carencias a través de programas de cultura y educación, comenzando por educarnos a nosotros mismos para educar a los demás es un buen paso. Por esto se empieza:
Cuida de ti llevando toppers y botellas para rellenar, pidiendo a los vendedores de la calle que te sirvan en el topper o que rellenen tu termo para no consumir los residuos de plástico de los desechables. Cuida de ti comprando en el mercado donde la comida no viene empaquetada. Cuida de ti andando en bicicleta y saltando el tráfico, tendrás un cuerpo genial. Cuida de ti comprando ropa usada, es más barata y nadie lo notará. Cuida de ti cargando con bolsas reutilizables aunque te dé pena, cuida de ti no comprando dulces empaquetados porque tienen químicos, en vez de eso prevee tus antojos y lleva frutas o semillas desde casa, cuida de ti y de los demás compartiendo una caguama y no un sixpack, cuida de ti fumando en pipa o vaporizador en vez de cajetillas, te verás más elegante; cuida de ti haciendo composta para las flores que adornarán tu casa; cuida de ti no generando basura, así no tendrás que levantarte a tirarla por las mañanas, cuida de ti disciplinándote para no estresarte de más, cuida de ti procurándote descanso y ejercicio; cuida de ti cuidando el agua, cuida de ti cuidando a los demás, ámate amando a tu entorno.
Cuida de ti no tirando basura en la calle porque vives en esta ciudad, cuida de ti recolectando el agua de lluvia para lavar, cuida de ti plantando más árboles porque incrementan el valor inmobiliario de las casas, cuida de ti no usando el carro aunque odies el transporte público porque ya no debemos contaminar el aire que respiramos, cuida de ti pensando en los demás, cuida de ti sabiendo que haces lo correcto, cuida de ti adoptando animales callejeros para acompañarte en los momentos de soledad, cuida de ti contratando a tus vecinos, cuida de ti no discriminando a nadie, cuida de ti abriendo tu mente y corazón, cuida de ti generando comunidad, cuida de ti creando seguridad. Aunque sea un poquito, por algo se tiene que empezar.
No puedo decirte que pienses en el medio ambiente si no eres capaz de disciplinarte y madurar, pero puedo asegurarte que por esa inconsciencia y por esa terquedad todos vamos a morir y no habrá nada para evitar la catástrofe. Necesitamos cambios mayores en la legalidad, pero nada podemos hacer si no queremos cambiar nuestra mentalidad. Es cierto, poco exigimos no produciendo basura, pero mucho hacemos por la comunidad al sentir empatía con nosotros mismos como para amarnos, empatía hacia los demás para cuidarlos, y empatía hacia el medio para habitarlo con responsabilidad.
Cuida de ti cuidando de mí, para que ambos podamos vivir.
Cuida de ti cuidando de mí, para que ambos podamos vivir.