sábado, 23 de febrero de 2019

Acerca del Proyecto: Escrito al Citadino Enajenado

Febrero de 2019.

Si caminas por cualquier puente peatonal en la Ciudad de México, notarás que una manta lechosa color polvo se ha posicionado en torno a nosotros dificultando la visibilidad, de tal forma que los altos edificios de Reforma no serán visibles a pensar de encontrarse a relativamente poca distancia. Seguramente subir las escaleras del puente peatonal te pesa, te cuesta respirar y te quedas sin aliento con facilidad. O tal vez no notes nada de lo anterior excepto tal vez el detalle de la contaminación que pende sobre nosotros, pero tienes cosas más importantes en qué pensar como para notar que de hecho hacer ejercicio al aire libre se vuelve complicado. 
También puede ser que andes en transporte público. Si vas en metro tal vez notes que el aire se torna cada vez más caliente y el ambiente más sofocante de forma que, aunque respiras, a tiempos te quedas sin aire y te mareas. El metro avanza lento y se detiene, las masas aumentan, los lugares escasean. Ocupas tu atención en detalles insignificantes de los alrededores, tal vez en tu celular o te encuentras absorto en tus pensamientos, tal vez escuchas música e ignoras todo lo demás. Puede que odies el trayecto y te parezca tedioso, puede que no. De cualquier forma no piensas en los suicidios que ocasionalmente causan retrasos en os trenes, o en la basura que tiran a las vías y crea cortos. Si eres mujer tal vez vayas al pendiente de tus alrededores por aquello de los secuestros que se han registrado últimamente, pero si el tema te tiene sin cuidado, igual y la cuestión no se pase por tu cabeza. De cualquier forma no piensas en tu cuerpo y lo que te dice persé, no centras tu atención en la falta de aire que sientes entre la multitud, en el ruido, en la basura del piso pues esto es cotidiano.
Si vas en camión o taxi, forzosamente piensas en el tráfico. Odias a cada automovilista frente a ti que impide al transporte avanzar con prontitud y antes que después terminas por maldecir a cada persona que se cruza por tu camino. Es temprano, vas absorto, vas estresado. No piensas ni en smog ni en unicel. Compras tus alimentos fuera y te dan bolsas y recipientes desechables. Vas pensando en si te van a asaltar por la calle, vas pensando en dinero, en gastos, en el hogar, el el trabajo, en la escuela, en la familia, en ti mismo y tu entorno inmediato. Mayormente.
Ves la tele, juegas con el celular. Construyes, acomodas, editas y modificas tu perfil en las redes. La gente ve y sabe quién eres. Piensas en tu apariencia, en lo que los demás piensan de ti. Sientes autoodio y satisfacción. Compras ropa nueva, zapatos, herramientas, vehículos, objetos, cosas que se presumen de un momento a otro en alguna situación. Y piensas en ti, en tus alrededores, y caminas por la Ciudad así, pensando en ti. Necesitas dar una imagen y que la gente sepa quién eres. Necesitas que las marcas que usas expresen quien eres. Necesitas que los objetos que tienes describan quién eres. Y tú eres en tanto adquieres. Te adornas, te diviertes, bebes. Tal vez ocasionalmente consumas alcohol, drogas o un ocasional toque. Y así eres. 
Tal vez piensas en tu pareja, tal vez no tengas una. Pero eres y te construyes, te defines y los demás te ven, y tú los ves. Quieres satisfacciones, amor, compañerismo, aventura. La televisión y las redes te brindan un placer indefinible, y eso eres. Lo que ven eres, lo que expresas eres, si te aprueban, o aún si te reprueban, eres.
En todo este tiempo tal vez notaste la basura, o que poco a poco hay menos insectos, aves y plantas a tu alrededor. Tal vez viste a la Ciudad crecer y los lugares verdes reducirse. Pero te gustan las nuevas plazas comerciales y paseas ahí de vez en cuando sintiéndote a gusto rodeado por tanto blanco. Agradeces más calles y menos terracerías. Tal vez piensas en los problemas de la Ciudad de vez en cuando y sólo si te incomodan directamente, pero fuera de ello tienes cosas mejores en qué ocupar tu atención.
No has notado que tu esfuerzo físico se redujo a caminar, correr ocasionalmente, y subir escaleras. Piensas que aún así eso es tedioso y cansado. Tu mente está depositada en otro lado, muchas veces en dispositivos fuera de ti. Tus sentidos (¿y qué es eso?) están apagados. Hay tanta gente y tanto ruido y tantos estímulos y tantas cosas que llegas a sentir ansiedad a tiempos y tal vez no lo notas. Te estresas y no sabes por qué. Tu cuerpo es a veces un estorbo, no se ve como quieres que se vea ni tiene la condición que quieres que tenga. Aún así le tomas fotos para saber si tu opinión es errada y dejas que los demás te digan que no es así.
En todo este tiempo no has puesto tus ojos en el cielo, o tal vez sí, y aún si notaste la contaminación que pende sobre nosotros, no le dedicas más que un minuto a eso, tienes que pensar en otras cosas.
Quieres romance, aventura, riesgo y peligro, pero en el día a día no hay tiempo para todo eso junto. Hay prioridades, o algo así. 
Prioridades, dicen todos. ¿Quién se va a ocupar del clima, de la contaminación?, que lo haga el gobierno. Eso puede esperar, la economía es más importante, la salud es más importante, la política, la estética, lo que sea es más importante. ¿A quién le preocupa que en febrero haga calor?, qué bueno, si acaso, porque el frío es insoportable y no me deja usar short. 
Pero hay un pequeño problema con todo esto y es que para tener tiempo de pensar en tus cosas, debes de tener plenitud y seguridad para hacerlo. En realidad te defines como una persona limpia porque tiras la basura en su lugar, por tanto no existe una conexión entre la basura que generas y la que hallas en la calle y tapa las coladeras porque no la tiraste tú. O igual y sí pero el barrendero se puede ocupar, para eso le pagan. Es una basura o dos, todos lo hacen y al cabo ya está sucio. 
¿Adónde va la basura que generas?, a un vertedero donde ensucia la tierra. ¿De verdad se puede decir que uno es "limpio" si aún ensucia?. El problema ni siquiera es ése. El problema es la forma en la que piensas el mundo. 
Sucede ser que cada persona de esta Ciudad es exactamente lo mismo que tú: un ser humano. Sucede ser que de hecho, y con toda probabilidad, le molestan las mismas cosas que a ti. Pero a ti no te importan los demás persé, no los conoces, te importas tú. La contaminación la genera alguien más, al igual que la basura, no es tu culpa, no tiene que ver contigo y de cualquier forma los demás son miserables e infelices porque quieren, son pobres porque no trabajan.
No tienes tiempo de sentir empatía por gente que no la "merece", ni puedes porque eres ignorante y no lo sabes. Pero eso no lo debo de decir.
Tengo una idea que quiero que leas:
El cuerpo es el medio primario de conexión entre nosotros y la realidad, el cuerpo siente y piensa pero no necesariamente en palabras. El cuerpo te indica si hace frío o calor, si sientes placer o dolor, te indica muchas cosas pero para ti incluso eso es un objeto, una cosa extraña que montas y usas pero que a tiempos te incomoda por no tener la forma que quieres que tenga. Como tal objeto, lo tratas y sin embargo no lo es. Tu eres un reflejo (nadie sabe de qué) expresado en cosas fuera de ti: tú eres tu imagen en las redes sociales, la ropa que vistes, el transporte que usas, los objetos que adquieres. Tú eres el color de tu tinte del pelo, la forma de tu cuerpo, tu título universitario, tu empleo. Tú eres algo que se expresa externamente a través de aditamentos. ¿Y quién eres?
El cuerpo no es un objeto, es el medio primario de comunicación con el medio. El cuerpo requiere tratarse con amor, alimentarse con amor, ejercitarse con amor. El cuerpo requiere amor porque tú no eres tus aditamentos sino tu cuerpo. Tú eres las zonas de tu piel donde sientes placer, y eres los presentimientos que te llegan desde las tripas, eres tus hábitos para dormir, tus recuerdos y tus experiencias. Eres tus sentimientos inexplicables, tus accidentes y dolores musculares. Tú eres en tanto habitas tu cuerpo en vez de solo utilizarlo. Tú eres lo que amas y sin embargo odias tu cuerpo a ratos.
Tú eres tu cuerpo y sin embargo no sientes ni preocupación ni empatía, ¿por qué es eso?
La empatía es reconocimiento. Viene de entender que tienes un cuerpo y que el otro (quienquiera que sea) también posee un cuerpo en el cual experimenta las mismas sensaciones que tú. Para sentir empatía es necesario sentir con el cuerpo, y sin embargo no sientes tu cuerpo sino lo montas y lo adornas sin experimentarlo, vivirlo o ejercitarlo. Tendrás tus razones.
La ciudad por sí misma no ofrece tantas formas de experimentar con tal cuerpo, todas las banquetas son grises y planas, lo mejor que puedes hacer con ellas es saltar o correr. La vista es monótona, casas en obras negras y grises, casas mal pintadas de tonos chillantes, edificios altos y cristalinos que intentan imitar el color del cielo casi como un plagio o una parodia de su magnificencia, parques y calles llenas de autos brillantes. Demasiado ruido te aturde así que lo omites, lo ignoras o lo cubres con música. Demasiada publicidad te irrita, estereotipos, cosas que deseas y demás te obligan a ver sin mirar. La comida viene empaquetada y toda sabe igual. Ya no permites que nadie te toque y el contacto te parece incómodo, si puedes, pasas frente a la gente sin saludar. 
¿Lo notaste?, todos tus sentidos están aturdidos a la vez que tu cuerpo se está atrofiando. La ciudad te ha obligado a inhibir tus sentidos y la cultura te ha permitido construirte una burbuja virtual y estética. Tu existencia no está en ti sino en tus objetos y etiquetas, ¿dónde te encuentras si no vives en ti? 
Así que concretamente, esta es mi teoría: no sientes empatía porque no puedes. No hay plantas suficientes para que entiendas que sólo en su abundancia serás capaz de sentirte tranquilo porque toda tu vida las has visto desaparecer y para ti es normal. No usas tu cuerpo lo suficiente para entender los sentimientos de otros, ni hay animales suficientes para que conectes con ellos. No tienes consciencia suficiente para entender que la basura que ensucia las calles es exactamente la misma basura que produces y ordenas en casa, pero no en un vertedero sino en tu cara, y ya sea por omisión o cultura, no abandonas tus hábitos de consumo. No tienes consciencia del ciclo del agua ni del carbono, estás cegado y asinado en una Ciudad donde las opciones son muchas pero el tiempo es poco y la basura aumenta y se torna inevitable.
No puedo pedirte que tengas consciencia ambiental si no eres capaz de sentir empatía en primer lugar, empatía contigo y con los demás. No puedo pedirte que seas consciente si no tienes la posibilidad (intelectual o adquisitiva) de alimentarte sanamente con cosas no empaquetadas por aquello de los conservadores, de ejercitarte adecuadamente para entender cómo funcionan tus músculos, de socializar genuinamente para que otros te parezcan cercanos y no molestos, de reconocerte en plantas y animales como para cuidar de ellos. No puedo pedirte que te preocupes por el medio ambiente cuando ni siquiera te preocupas por ti mismo del todo, por tu cuerpo, por tu entorno, por lo que eres en realidad, y es que no hay tiempo.
No puedo pedirte nada de eso y solo puedo darte mis condolencias: lamento que hayas nacido en este mundo que se pudre junto conmigo, lamento que el clima empeore y la vida se complique, lamento que el agua escaseé, lamento que nuestra supervivencia esté en juego, lamento todo esto. Pero también lamento que hayas tenido una educación de alguna forma carente que no te enseñara a conectar con otros seres vivos y no seas capaz de experimentar continuamente el goce de establecer vínculos con personas, animales y plantas a la vez. Lamento que tengas tanta necesidad de aceptación mal direccionada debido a la cultura que pienses que necesitas adquirir cosas para ser reconocido y valioso. Lamento que el valor de tu existencia esté basado en tu trabajo, en tu rol, en tu apariencia. Lamento que sea complicado conectar con otros y siempre te sientas solo y vacío. Lamento que seas incapaz de expresarte sinceramente por miedo al escrutinio, y que entre tus amistades no se encuentren personas dispuestas a hablar con apertura de estas cosas. Lamento que seas tan ignorante de las circunstancias que el medio ambiente no te importe como si vivieras en Marte, que las luchas campesinas no te importen, que los animales no te importen, que los bosques no te importen. Básicamente lamento que tu existencia sea tan vacía de sustancia que lo único en lo que pienses escuetamente sea en ti mismo, tus necesidades, y que nuestra sociedad sea así.
Todos visualizamos al mundo en torno a nuestra comodidad y no a partir del sentido común y la consciencia, porque el confort se ha vuelto lo más inmediato, la orden del día, aquello a lo que debemos aspirar, lo empaquetado, lo industrializado, lo que está a la mano para ocuparnos en algo más. Así pensamos al mundo, intervenimos lo que está a nuestro alcance y no así lo que nos conviene verdaderamente hacer, ecológica y socialmente hablando. El mundo gira en torno a nosotros en vez de girar con nosotros en él, y se refleja en nuestros hábitos de consumo y nuestra forma de interactuar con los demás.
No puedo pedirte que ames a los demás o que te preocupes por los demás de otras formas si ni siquiera te procuras genuinamente a ti mismo porque los alrededores no dan para más, así que sólo puedo comenzar por reconfortarte diciendo: no todo es tu culpa, vives en la Ciudad, y la Ciudad como tal es un lugar que homogeneiza. Todo es gris, similar y familiar. Las calles se parecen. No puedes amar aquello que no conoces, y no conoces a la Naturaleza pues la Ciudad se opone a ella y lucha por erradicarla y controlarla. El ruido aturde, la publicidad aturde, la humanidad aturde. Y todos piensan similar, haciendo casi imposible la transición a un mundo mejor. No puedes amar a la naturaleza porque a tu alrededor ya no existe y no sabes por qué luchar, pero esto es algo que lo vale todo y puede mejorarlo todo. 
¿Y el bosque?, el bosque es verde, silencioso y despoblado. El bosque es inconmensurable, se siente en los pies y en las vísceras. La lluvia, que como dios omnipresente no discrimina, es tan natural que en este mundo antinatural en vez de causar regocijo y reverdecimiento, causa tráfico, y eso está mal. 
No puedo pedirte que ames al medio ambiente pero sí puedo pedirte que te esfuerces por pensar diferente y te eduques, para poder educar a los demás. Puedo decirte que no comas comida empaquetada porque te hará daño; puedo decirte que hagas ejercicio para aprender a quererte, para sentirte seguro de que ante una emergencia podrás reaccionar; puedo decirte que te ames lo suficiente para leer y cultivarte, que la gente se enamore de tu intelecto; puedo decirte que te ames lo suficiente para hacer crecer tu mundo interior, para valorarte; puedo decirte que te ames lo suficiente para saber que eres interesante y no tienes por qué demostrarlo; puedo decirte que aunque no sabes hacer ni haces nada de esto, creo en que eventualmente lo harás porque debemos de aprender a esforzarnos. Quiero decirte que aunque la apariencia es importante en esta Ciudad, no eres tu apariencia y que aún si lo que eres no te gusta, cambiamos porque esa es la naturaleza de todas las cosas, y siempre puedes volver a reconstruirte en algo pleno. Puedo asegurarte que para vivir sanamente, debes de hacerlo, muchas veces, cuantas veces sean necesarias, y no avergonzarte. Vergüenza debería dar se un ser humano inconsciente cual chamaco. Lo que piensan los demás importa, pero importa más la intimidad que sientas contigo, la seguridad que puedas darte a ti mismo, la armonía que puedas construir en tu entorno.
Cuida de ti cuidando de tu cuerpo, de tu mente, de tus hábitos, que es lo que te constituye como un ser. Cuida de tu cuerpo cuidando al medio ambiente, porque a fin de cuentas el amor a la Naturaleza es la extensión del amor propio. Vivimos aquí y nos alimentamos de ella, vivimos de ella, somos parte de ella, no la dominamos, cuidarla es cuidarnos. Esta parte es importante porque una fracción de solucionar la crísis medioambiental que amenaza con devastarnos en poco más de una década depende de aprender a vivir con plenitud para evitar consumir por cultura, ya que el consumo, en su producción, distribución y venta, es lo que más genera gases tóxicos, residuos contaminantes y basura. Lamentablemente toda la problemática es sistémica y gubernamental, es decir, no la arreglamos cambiando individualmente nuestro estilo de vida. Sin embargo disciplinarnos como sociedad nos habilitaría para exigir que dichos cambios se lleven a cabo pues nuestra subsistencia ya no dependería de dichos sistemas de consumo. Aunque idoneamente sería la nación quien reconozca y se dedique a solventar dichas carencias a través de programas de cultura y educación, comenzando por educarnos a nosotros mismos para educar a los demás es un buen paso. Por esto se empieza:
Cuida de ti llevando toppers y botellas para rellenar, pidiendo a los vendedores de la calle que te sirvan en el topper o que rellenen tu termo para no consumir los residuos de plástico de los desechables. Cuida de ti comprando en el mercado donde la comida no viene empaquetada. Cuida de ti andando en bicicleta y saltando el tráfico, tendrás un cuerpo genial. Cuida de ti comprando ropa usada, es más barata y nadie lo notará. Cuida de ti cargando con bolsas reutilizables aunque te dé pena, cuida de ti no comprando dulces empaquetados porque tienen químicos, en vez de eso prevee tus antojos y lleva frutas o semillas desde casa, cuida de ti y de los demás compartiendo una caguama y no un sixpack, cuida de ti fumando en pipa o vaporizador en vez de cajetillas, te verás más elegante; cuida de ti haciendo composta para las flores que adornarán tu casa; cuida de ti no generando basura, así no tendrás que levantarte a tirarla por las mañanas, cuida de ti disciplinándote para no estresarte de más, cuida de ti procurándote descanso y ejercicio; cuida de ti cuidando el agua, cuida de ti cuidando a los demás, ámate amando a tu entorno. 
Cuida de ti no tirando basura en la calle porque vives en esta ciudad, cuida de ti recolectando el agua de lluvia para lavar, cuida de ti plantando más árboles porque incrementan el valor inmobiliario de las casas, cuida de ti no usando el carro aunque odies el transporte público porque ya no debemos contaminar el aire que respiramos, cuida de ti pensando en los demás, cuida de ti sabiendo que haces lo correcto, cuida de ti adoptando animales callejeros para acompañarte en los momentos de soledad, cuida de ti contratando a tus vecinos, cuida de ti no discriminando a nadie, cuida de ti abriendo tu mente y corazón, cuida de ti generando comunidad, cuida de ti creando seguridad. Aunque sea un poquito, por algo se tiene que empezar.
No puedo decirte que pienses en el medio ambiente si no eres capaz de disciplinarte y madurar, pero puedo asegurarte que por esa inconsciencia y por esa terquedad todos vamos a morir y no habrá nada para evitar la catástrofe. Necesitamos cambios mayores en la legalidad, pero nada podemos hacer si no queremos cambiar nuestra mentalidad. Es cierto, poco exigimos no produciendo basura, pero mucho hacemos por la comunidad al sentir empatía con nosotros mismos como para amarnos, empatía hacia los demás para cuidarlos, y empatía hacia el medio para habitarlo con responsabilidad.
Cuida de ti cuidando de mí, para que ambos podamos vivir.

martes, 19 de febrero de 2019

Acerca del Proyecto: Querer Cambiar el Mundo Personalmente

Primero que nada quiero establecer mis intenciones, poner las armas sobre la mesa y dejar de lado toda pretensión meramente artística o ególatra que pudiese aparentar al embarcarme en el proyecto que a continuación hallarás, y asegurarte que no se trata sino de mi manera de contribuir a la causa que persigo. Aún soy joven, muy joven, pienso yo, y dado que mis medios son de muchas formas limitados, comenzaré por bocetar aquello que deseo para el futuro de las generaciones que me precederán y dejarlo suelto a través del texto para que corra por donde quienes me lean decidan llevarlo con la esperanza de que inspiren a más gente a cambiar.
Tras muchas consideraciones producto del estudio durante el pasado año, he llegado a la conclusión de que este planeta ya no está para complacencias: el informe sobre Cambio Climático de la ONU 2018 reveló datos alarmantes sobre lo que acontecerá a la vida en la Tierra de no cambiar nuestro estilo de vida de altas emisiones por uno sustentable que se acople al nuevo ritmo al que la Naturaleza se reacomodará dados los altos grados de contaminación del planeta y la incesante tala de árboles. Elevación del nivel del mar debido al derretimiento delos cascos polares, migraciones masivas a causa del cambio climático que se calculan, llegarán a los 200 millones de migrantes, temperaturas alcanzando los 50°C en climas templados, sequías hasta de cinco años en Latinoamérica y África, huracanes categoría 5, desertificación y erosión de la tierra acompañadas de contaminación química de los mantos acuíferos y muchas cosas más se proyectan en nuestro porvenir al tocar los 3°C por encima de la temperatura de la era preindustrial, lo que implicaría la extinción de una buena parte de los animales y las plantas, volviendo al planeta prácticamente inhabitable y dejando en riesgo a la gran mayoría de la población humana.
El mundo ya no está para complacencias.
A 11 años de la fecha límite prevista para que el Cambio Climático resulte irreversible e imparable, la gente apenas comienza a reaccionar, y sin embargo una gran mayoría permanece ignorante, ya sea por decisión u omisión, de la situación general del planeta como si ellos viviesen en Venus, lejos del peligro potencial al que nos exponemos en nuestro andar parasitario. Como si la negación solucionara las problemáticas. Como si la inconsciencia justificara la inacción, como si la ignorancia eximiera de la responsabilidad, como si la vanidad y el individualismo fuesen más importantes que la vida de miles de formas de existencia cuyas líneas evolutivas no pudieron prepararlos para la devastación que nuestra especie está urdiendo. La responsabilidad es totalmente nuestra.
Nuestra, de quienes leemos esta publicación. Nuestra, pues la violencia se ha desplazado e invisibilizado pero no ha desaparecido y continúa siendo financiada por nuestro consumo. Nuestra por no darnos cuenta del daño que causamos. Nuestra por pensar erróneamente que nuestras acciones no tienen consecuencias. Nuestras por pensar que existe una división entre el ser humano y la Naturaleza como si no nos alimentásemos de ella. Nuestra por intentar entender en vez de aprender. Nuestra por pensar que el conocimiento justifica la violencia. Nuestra por segregar, por asesinar, por discriminar. Nuestra por nuestra indiferencia. Nuestra por carecer de empatía, juicio y moral. Nuestra por pensar que alguien más lo debe de arreglar. Nuestra por inacción, nuestra por omisión, nuestra por represión, nuestra por agresión, nuestra, nuestra, nuestra.
Es difícil digerir todo lo que hay que cambiar. Es difícil aceptar que el presente como lo conocemos, debe desaparecr si queremos sobrevivir. Es difícil pensar que debido a la amenaza que representa el Cambio Climático, no podré planear un futuro simple y sencillo donde ayude a crear familias y negocios para sólo dedicarme a sobrevivir. Es difícil desapegarse del futuro planeado y poner manos a la obra. Es difícil aceptar que hemos errado y que debemos de cambiar. Es difícil ignorar la vanidad y la estética de la modernidad. Pero es necesario.
Pensar en la actualidad como un error a enmendar me parece adecuado. El problema es tan amplio que un sencillo blog en internet no alcanza a describirlo. Los libros mencionan una hegemonía racista, sexista, clasista, consumista a combatir, pero incluso eso me parece demasiado abstracto, algo lejano que es difícil aterrizar a términos claros e inmediatos. Cualquier persona tiene cosas más importantes en que pensar que no sean la hegemonía y cómo opera. Las personas piensan en temas más relevantes: en ellos mismos, por ejemplo. A veces en su familia, a veces en la escuela o el trabajo, pero primordialmente en ellos mismos y en el mundo que los rodea desde términos convenientes. Todos tenemos una vida difícil. Todos tenemos una vida compleja. Todos tenemos un drama personal que narramos a otros, un discurso interno que nos narramos a nosotros mismos antes de dormir o en los momentos de ausencia, cuentos que le relatamos a nuestros padres al respecto de nuestra existencia, chismes para los amigos y conocidos, cartas y discursos de amor para los seres queridos, peleas, discusiones y reconciliaciones de toda clase, cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
¿Cómo -me la vivo preguntándome- le diré a las personas todo lo que sé de forma que lo entiendan?, ¿cómo acariciar sus vísceras con la ternura o la rudeza suficiente para que mi mensaje les llegue, los conmueva, los remueva, los incomode?, ¿qué cosas les interesan a las personas?, ¿qué cosas buscan por cultura?, ¿cómo convencerlos de que digo la verdad?, ¿cómo hacerles entender la magnitud de la emergencia?, ¿cómo inmiscuirme en el discurso interno de los individuos para que aprendan?
Cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
Este proyecto explora el discurso interno de las personas, por pretencioso que suene, e intenta inmiscuirse en esa intimidad para depositar en él ideas asequibles e inmediatas al respecto de lo que está sucediendo con el planeta de tal forma que cada persona, en su individualidad, entienda de una forma u otra la gravedad de la situación: estamos muriendo.
"Estamos" en plural. Si el planeta se desertifica, desapareceremos con él.
Este proyecto inventa cuentos, cuentos cuya única finalidad es volar libres para intentar enseñar lo que en nuestros ojos se ve pero que nos negamos a aceptar, de tripas-corazón . Cuentos para que cada quien medite, en su intimidad, y encuentre en sí mismo formas de ayudar.
Si me pusiera a señalar culpables, tendría que voltear a ver a la gran mayoría de las personas: todos somos culpables, en una medida u otra, de la situación actual. No se trata de pasar la culpa o tirarnos al drama presas del pánico, sino de ocupar nuestra atención en hacer cosas de provecho en vez de permitir que la situación discurra libre y desenfrenada hacia la devastación. Se trata de un cambio lento, como lenta fue la transformación, y de retomar el ritmo, con el paso de las generaciones, hacia la sustentabilidad. Nada será inmediato, como no lo es el crecimiento de un árbol o la travesía de una ballena, tomará tiempo, esfuerzo y comunalidad, pero es posible y de sobrevivir, nuestra única oportunidad. Tenemos 11 años para reparar lo que nuestros ancestros devastaron, venimos a un mundo herido y cansado que debemos resanar, y mayormente no es nuestra culpa pero somos un producto de él y con él hay que lidiar.
Este proyecto es la recopilación de muchas charlas íntimas con varias personas de entornos diversos. Empatía y sensibilidad para entender qué les preocupa y qué les gusta, cala, duele y mueve para intentar atinar al tono correcto con el cual narrar las situaciones fantásticas para ejemplificar la actualidad que nos acontece en esta globalizada ciudad. Este proyecto es la suma de muchas canciones tristes y canciones de amor, de exploraciones en la montaña, empirismo y casualidad, de observación de la ciudad y sus habitantes como organismos de la comunidad, de sus medios y problemáticas en la televisión, de la publicidad que me brinda pistas de adónde apuntar, de las redes sociales que ventilan mentiras y verdades, de la vida en la escuela, en la calle y en el transporte. Es un intento por entender qué nos mueve para producir lenguajes y temáticas que puedan fluir siendo acuñadas por cada quien, y que efectivamente nos ayuden a enmendar y cambiar de parecer.
Todos hemos errado, lo sé, es difícil de aceptar, pero por algo se empieza, y tenemos que cambiar.
Si estás leyendo esto, quiero que sepas que mi proceso no es sencillo, aún me cuesta entender, pero dentro de todo, en la encrucijada joven de saber si hacer de mi vida lo que quiero o lo que debo de ser, he elegido dedicar mi existencia a hacer de este mundo un lugar mejor, y hacerlo bien. Estoy consciente de que en el proceso tal vez pierda muchas cosas que de otra manera con todo gusto desearía tener, pero quiero que quienes me precedan tengan futuro al cual asirse para planear, en su debido tiempo, cómo mejorar el presente. Quisiera tener la libertad de planear un futuro con toda comodidad, pero quiero, con aún más fuerza, que en el futuro haya vida para gozar de ella.

Ciudad de México, febrero de 2019

El Inicio de la Vida en la Tierra (Mito Central)

En un inicio había nada, y en medio de esa imponente vacuidad, toda la materia existente yacía unificada. Dos fuerzas cíclicas equitativas...