Primero que nada quiero establecer mis intenciones, poner las armas sobre la mesa y dejar de lado toda pretensión meramente artística o ególatra que pudiese aparentar al embarcarme en el proyecto que a continuación hallarás, y asegurarte que no se trata sino de mi manera de contribuir a la causa que persigo. Aún soy joven, muy joven, pienso yo, y dado que mis medios son de muchas formas limitados, comenzaré por bocetar aquello que deseo para el futuro de las generaciones que me precederán y dejarlo suelto a través del texto para que corra por donde quienes me lean decidan llevarlo con la esperanza de que inspiren a más gente a cambiar.
Tras muchas consideraciones producto del estudio durante el pasado año, he llegado a la conclusión de que este planeta ya no está para complacencias: el informe sobre Cambio Climático de la ONU 2018 reveló datos alarmantes sobre lo que acontecerá a la vida en la Tierra de no cambiar nuestro estilo de vida de altas emisiones por uno sustentable que se acople al nuevo ritmo al que la Naturaleza se reacomodará dados los altos grados de contaminación del planeta y la incesante tala de árboles. Elevación del nivel del mar debido al derretimiento delos cascos polares, migraciones masivas a causa del cambio climático que se calculan, llegarán a los 200 millones de migrantes, temperaturas alcanzando los 50°C en climas templados, sequías hasta de cinco años en Latinoamérica y África, huracanes categoría 5, desertificación y erosión de la tierra acompañadas de contaminación química de los mantos acuíferos y muchas cosas más se proyectan en nuestro porvenir al tocar los 3°C por encima de la temperatura de la era preindustrial, lo que implicaría la extinción de una buena parte de los animales y las plantas, volviendo al planeta prácticamente inhabitable y dejando en riesgo a la gran mayoría de la población humana.
El mundo ya no está para complacencias.
A 11 años de la fecha límite prevista para que el Cambio Climático resulte irreversible e imparable, la gente apenas comienza a reaccionar, y sin embargo una gran mayoría permanece ignorante, ya sea por decisión u omisión, de la situación general del planeta como si ellos viviesen en Venus, lejos del peligro potencial al que nos exponemos en nuestro andar parasitario. Como si la negación solucionara las problemáticas. Como si la inconsciencia justificara la inacción, como si la ignorancia eximiera de la responsabilidad, como si la vanidad y el individualismo fuesen más importantes que la vida de miles de formas de existencia cuyas líneas evolutivas no pudieron prepararlos para la devastación que nuestra especie está urdiendo. La responsabilidad es totalmente nuestra.
Nuestra, de quienes leemos esta publicación. Nuestra, pues la violencia se ha desplazado e invisibilizado pero no ha desaparecido y continúa siendo financiada por nuestro consumo. Nuestra por no darnos cuenta del daño que causamos. Nuestra por pensar erróneamente que nuestras acciones no tienen consecuencias. Nuestras por pensar que existe una división entre el ser humano y la Naturaleza como si no nos alimentásemos de ella. Nuestra por intentar entender en vez de aprender. Nuestra por pensar que el conocimiento justifica la violencia. Nuestra por segregar, por asesinar, por discriminar. Nuestra por nuestra indiferencia. Nuestra por carecer de empatía, juicio y moral. Nuestra por pensar que alguien más lo debe de arreglar. Nuestra por inacción, nuestra por omisión, nuestra por represión, nuestra por agresión, nuestra, nuestra, nuestra.
Es difícil digerir todo lo que hay que cambiar. Es difícil aceptar que el presente como lo conocemos, debe desaparecr si queremos sobrevivir. Es difícil pensar que debido a la amenaza que representa el Cambio Climático, no podré planear un futuro simple y sencillo donde ayude a crear familias y negocios para sólo dedicarme a sobrevivir. Es difícil desapegarse del futuro planeado y poner manos a la obra. Es difícil aceptar que hemos errado y que debemos de cambiar. Es difícil ignorar la vanidad y la estética de la modernidad. Pero es necesario.
Pensar en la actualidad como un error a enmendar me parece adecuado. El problema es tan amplio que un sencillo blog en internet no alcanza a describirlo. Los libros mencionan una hegemonía racista, sexista, clasista, consumista a combatir, pero incluso eso me parece demasiado abstracto, algo lejano que es difícil aterrizar a términos claros e inmediatos. Cualquier persona tiene cosas más importantes en que pensar que no sean la hegemonía y cómo opera. Las personas piensan en temas más relevantes: en ellos mismos, por ejemplo. A veces en su familia, a veces en la escuela o el trabajo, pero primordialmente en ellos mismos y en el mundo que los rodea desde términos convenientes. Todos tenemos una vida difícil. Todos tenemos una vida compleja. Todos tenemos un drama personal que narramos a otros, un discurso interno que nos narramos a nosotros mismos antes de dormir o en los momentos de ausencia, cuentos que le relatamos a nuestros padres al respecto de nuestra existencia, chismes para los amigos y conocidos, cartas y discursos de amor para los seres queridos, peleas, discusiones y reconciliaciones de toda clase, cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
¿Cómo -me la vivo preguntándome- le diré a las personas todo lo que sé de forma que lo entiendan?, ¿cómo acariciar sus vísceras con la ternura o la rudeza suficiente para que mi mensaje les llegue, los conmueva, los remueva, los incomode?, ¿qué cosas les interesan a las personas?, ¿qué cosas buscan por cultura?, ¿cómo convencerlos de que digo la verdad?, ¿cómo hacerles entender la magnitud de la emergencia?, ¿cómo inmiscuirme en el discurso interno de los individuos para que aprendan?
Cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
Este proyecto explora el discurso interno de las personas, por pretencioso que suene, e intenta inmiscuirse en esa intimidad para depositar en él ideas asequibles e inmediatas al respecto de lo que está sucediendo con el planeta de tal forma que cada persona, en su individualidad, entienda de una forma u otra la gravedad de la situación: estamos muriendo.
"Estamos" en plural. Si el planeta se desertifica, desapareceremos con él.
Este proyecto inventa cuentos, cuentos cuya única finalidad es volar libres para intentar enseñar lo que en nuestros ojos se ve pero que nos negamos a aceptar, de tripas-corazón . Cuentos para que cada quien medite, en su intimidad, y encuentre en sí mismo formas de ayudar.
Si me pusiera a señalar culpables, tendría que voltear a ver a la gran mayoría de las personas: todos somos culpables, en una medida u otra, de la situación actual. No se trata de pasar la culpa o tirarnos al drama presas del pánico, sino de ocupar nuestra atención en hacer cosas de provecho en vez de permitir que la situación discurra libre y desenfrenada hacia la devastación. Se trata de un cambio lento, como lenta fue la transformación, y de retomar el ritmo, con el paso de las generaciones, hacia la sustentabilidad. Nada será inmediato, como no lo es el crecimiento de un árbol o la travesía de una ballena, tomará tiempo, esfuerzo y comunalidad, pero es posible y de sobrevivir, nuestra única oportunidad. Tenemos 11 años para reparar lo que nuestros ancestros devastaron, venimos a un mundo herido y cansado que debemos resanar, y mayormente no es nuestra culpa pero somos un producto de él y con él hay que lidiar.
Este proyecto es la recopilación de muchas charlas íntimas con varias personas de entornos diversos. Empatía y sensibilidad para entender qué les preocupa y qué les gusta, cala, duele y mueve para intentar atinar al tono correcto con el cual narrar las situaciones fantásticas para ejemplificar la actualidad que nos acontece en esta globalizada ciudad. Este proyecto es la suma de muchas canciones tristes y canciones de amor, de exploraciones en la montaña, empirismo y casualidad, de observación de la ciudad y sus habitantes como organismos de la comunidad, de sus medios y problemáticas en la televisión, de la publicidad que me brinda pistas de adónde apuntar, de las redes sociales que ventilan mentiras y verdades, de la vida en la escuela, en la calle y en el transporte. Es un intento por entender qué nos mueve para producir lenguajes y temáticas que puedan fluir siendo acuñadas por cada quien, y que efectivamente nos ayuden a enmendar y cambiar de parecer.
Todos hemos errado, lo sé, es difícil de aceptar, pero por algo se empieza, y tenemos que cambiar.
Si estás leyendo esto, quiero que sepas que mi proceso no es sencillo, aún me cuesta entender, pero dentro de todo, en la encrucijada joven de saber si hacer de mi vida lo que quiero o lo que debo de ser, he elegido dedicar mi existencia a hacer de este mundo un lugar mejor, y hacerlo bien. Estoy consciente de que en el proceso tal vez pierda muchas cosas que de otra manera con todo gusto desearía tener, pero quiero que quienes me precedan tengan futuro al cual asirse para planear, en su debido tiempo, cómo mejorar el presente. Quisiera tener la libertad de planear un futuro con toda comodidad, pero quiero, con aún más fuerza, que en el futuro haya vida para gozar de ella.
Ciudad de México, febrero de 2019
Tras muchas consideraciones producto del estudio durante el pasado año, he llegado a la conclusión de que este planeta ya no está para complacencias: el informe sobre Cambio Climático de la ONU 2018 reveló datos alarmantes sobre lo que acontecerá a la vida en la Tierra de no cambiar nuestro estilo de vida de altas emisiones por uno sustentable que se acople al nuevo ritmo al que la Naturaleza se reacomodará dados los altos grados de contaminación del planeta y la incesante tala de árboles. Elevación del nivel del mar debido al derretimiento delos cascos polares, migraciones masivas a causa del cambio climático que se calculan, llegarán a los 200 millones de migrantes, temperaturas alcanzando los 50°C en climas templados, sequías hasta de cinco años en Latinoamérica y África, huracanes categoría 5, desertificación y erosión de la tierra acompañadas de contaminación química de los mantos acuíferos y muchas cosas más se proyectan en nuestro porvenir al tocar los 3°C por encima de la temperatura de la era preindustrial, lo que implicaría la extinción de una buena parte de los animales y las plantas, volviendo al planeta prácticamente inhabitable y dejando en riesgo a la gran mayoría de la población humana.
El mundo ya no está para complacencias.
A 11 años de la fecha límite prevista para que el Cambio Climático resulte irreversible e imparable, la gente apenas comienza a reaccionar, y sin embargo una gran mayoría permanece ignorante, ya sea por decisión u omisión, de la situación general del planeta como si ellos viviesen en Venus, lejos del peligro potencial al que nos exponemos en nuestro andar parasitario. Como si la negación solucionara las problemáticas. Como si la inconsciencia justificara la inacción, como si la ignorancia eximiera de la responsabilidad, como si la vanidad y el individualismo fuesen más importantes que la vida de miles de formas de existencia cuyas líneas evolutivas no pudieron prepararlos para la devastación que nuestra especie está urdiendo. La responsabilidad es totalmente nuestra.
Nuestra, de quienes leemos esta publicación. Nuestra, pues la violencia se ha desplazado e invisibilizado pero no ha desaparecido y continúa siendo financiada por nuestro consumo. Nuestra por no darnos cuenta del daño que causamos. Nuestra por pensar erróneamente que nuestras acciones no tienen consecuencias. Nuestras por pensar que existe una división entre el ser humano y la Naturaleza como si no nos alimentásemos de ella. Nuestra por intentar entender en vez de aprender. Nuestra por pensar que el conocimiento justifica la violencia. Nuestra por segregar, por asesinar, por discriminar. Nuestra por nuestra indiferencia. Nuestra por carecer de empatía, juicio y moral. Nuestra por pensar que alguien más lo debe de arreglar. Nuestra por inacción, nuestra por omisión, nuestra por represión, nuestra por agresión, nuestra, nuestra, nuestra.
Es difícil digerir todo lo que hay que cambiar. Es difícil aceptar que el presente como lo conocemos, debe desaparecr si queremos sobrevivir. Es difícil pensar que debido a la amenaza que representa el Cambio Climático, no podré planear un futuro simple y sencillo donde ayude a crear familias y negocios para sólo dedicarme a sobrevivir. Es difícil desapegarse del futuro planeado y poner manos a la obra. Es difícil aceptar que hemos errado y que debemos de cambiar. Es difícil ignorar la vanidad y la estética de la modernidad. Pero es necesario.
Pensar en la actualidad como un error a enmendar me parece adecuado. El problema es tan amplio que un sencillo blog en internet no alcanza a describirlo. Los libros mencionan una hegemonía racista, sexista, clasista, consumista a combatir, pero incluso eso me parece demasiado abstracto, algo lejano que es difícil aterrizar a términos claros e inmediatos. Cualquier persona tiene cosas más importantes en que pensar que no sean la hegemonía y cómo opera. Las personas piensan en temas más relevantes: en ellos mismos, por ejemplo. A veces en su familia, a veces en la escuela o el trabajo, pero primordialmente en ellos mismos y en el mundo que los rodea desde términos convenientes. Todos tenemos una vida difícil. Todos tenemos una vida compleja. Todos tenemos un drama personal que narramos a otros, un discurso interno que nos narramos a nosotros mismos antes de dormir o en los momentos de ausencia, cuentos que le relatamos a nuestros padres al respecto de nuestra existencia, chismes para los amigos y conocidos, cartas y discursos de amor para los seres queridos, peleas, discusiones y reconciliaciones de toda clase, cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
¿Cómo -me la vivo preguntándome- le diré a las personas todo lo que sé de forma que lo entiendan?, ¿cómo acariciar sus vísceras con la ternura o la rudeza suficiente para que mi mensaje les llegue, los conmueva, los remueva, los incomode?, ¿qué cosas les interesan a las personas?, ¿qué cosas buscan por cultura?, ¿cómo convencerlos de que digo la verdad?, ¿cómo hacerles entender la magnitud de la emergencia?, ¿cómo inmiscuirme en el discurso interno de los individuos para que aprendan?
Cuentos. Cuentos, cuentos, cuentos.
Este proyecto explora el discurso interno de las personas, por pretencioso que suene, e intenta inmiscuirse en esa intimidad para depositar en él ideas asequibles e inmediatas al respecto de lo que está sucediendo con el planeta de tal forma que cada persona, en su individualidad, entienda de una forma u otra la gravedad de la situación: estamos muriendo.
"Estamos" en plural. Si el planeta se desertifica, desapareceremos con él.
Este proyecto inventa cuentos, cuentos cuya única finalidad es volar libres para intentar enseñar lo que en nuestros ojos se ve pero que nos negamos a aceptar, de tripas-corazón . Cuentos para que cada quien medite, en su intimidad, y encuentre en sí mismo formas de ayudar.
Si me pusiera a señalar culpables, tendría que voltear a ver a la gran mayoría de las personas: todos somos culpables, en una medida u otra, de la situación actual. No se trata de pasar la culpa o tirarnos al drama presas del pánico, sino de ocupar nuestra atención en hacer cosas de provecho en vez de permitir que la situación discurra libre y desenfrenada hacia la devastación. Se trata de un cambio lento, como lenta fue la transformación, y de retomar el ritmo, con el paso de las generaciones, hacia la sustentabilidad. Nada será inmediato, como no lo es el crecimiento de un árbol o la travesía de una ballena, tomará tiempo, esfuerzo y comunalidad, pero es posible y de sobrevivir, nuestra única oportunidad. Tenemos 11 años para reparar lo que nuestros ancestros devastaron, venimos a un mundo herido y cansado que debemos resanar, y mayormente no es nuestra culpa pero somos un producto de él y con él hay que lidiar.
Este proyecto es la recopilación de muchas charlas íntimas con varias personas de entornos diversos. Empatía y sensibilidad para entender qué les preocupa y qué les gusta, cala, duele y mueve para intentar atinar al tono correcto con el cual narrar las situaciones fantásticas para ejemplificar la actualidad que nos acontece en esta globalizada ciudad. Este proyecto es la suma de muchas canciones tristes y canciones de amor, de exploraciones en la montaña, empirismo y casualidad, de observación de la ciudad y sus habitantes como organismos de la comunidad, de sus medios y problemáticas en la televisión, de la publicidad que me brinda pistas de adónde apuntar, de las redes sociales que ventilan mentiras y verdades, de la vida en la escuela, en la calle y en el transporte. Es un intento por entender qué nos mueve para producir lenguajes y temáticas que puedan fluir siendo acuñadas por cada quien, y que efectivamente nos ayuden a enmendar y cambiar de parecer.
Todos hemos errado, lo sé, es difícil de aceptar, pero por algo se empieza, y tenemos que cambiar.
Si estás leyendo esto, quiero que sepas que mi proceso no es sencillo, aún me cuesta entender, pero dentro de todo, en la encrucijada joven de saber si hacer de mi vida lo que quiero o lo que debo de ser, he elegido dedicar mi existencia a hacer de este mundo un lugar mejor, y hacerlo bien. Estoy consciente de que en el proceso tal vez pierda muchas cosas que de otra manera con todo gusto desearía tener, pero quiero que quienes me precedan tengan futuro al cual asirse para planear, en su debido tiempo, cómo mejorar el presente. Quisiera tener la libertad de planear un futuro con toda comodidad, pero quiero, con aún más fuerza, que en el futuro haya vida para gozar de ella.
Ciudad de México, febrero de 2019
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