lunes, 29 de abril de 2019

Bitácora del Proyecto: La Monstruosa Naturaleza

Los animales temen a lo desconocido.
Es curioso encontrar animales que le tengan miedo al medio natural, pero los hay. Muchos. Varios miles de millones. Viven en las ciudades, las manchas grises que abiertamente se oponen a la naturaleza al interrumpir cada uno de sus ciclos manualmente, desde el agua hasta el carbono e incluso la capacidad de reproducción de ésta con la depredación de cada una de las criaturas que la representan, desde plantas en el pavimento hasta insectos con el insecticida (¡que sigue actuando hasta por seis semanas!).
 Los animales temen a lo desconocido.
 Mientras representaciones de la amorosa, piadosa y vasta Madre Naturaleza abundan, desde Te Fiti en Moana, hasta la tierra rica y paradisíaca retratada en El Camino hacia El Dorado (DreamWroks Animation Studio), o incluso la visión conquistadora de las Américas predominante en la película Pocahontas (Disney), hay otra visión común en las películas de acción que todos conocemos: la naturaleza como algo que debe de temerse.
Existen películas sensacionalistas como Anaconda de Luis Llosa, Tiburón de Steven Spielberg, Tornado de Jan de Bont, o similares donde el antagonista del filme es un animal o bien un evento natural al cual hay que sobrevivir, donde lo que se refuerza en el público es la noción del medio natural o sus criaturas como algo desconocido, salvaje, incontrolable y con sed de sangre cuyo único objetivo es matar seres humanos, encarnando aún más el miedo común a lo desconocido de la población y su rechazo a la Naturaleza.
 La noción es bastante simple: cualquier animal posee más capacidades de supervivencia de manera autónoma que el ser humano, lo que nos salva es nuestra capacidad inventiva, pero a falta de herramientas o materiales, fácilmente perecemos en un ambiente donde ellos logran sobrevivir exitosamente. Más aún, dichos animales, al conocer los terrenos, no sólo son superiores a nosotros en su propio medio sino que hipotéticamente tendrían el deseo y la capacidad de aniquilarnos, volviéndolos enemigos ocultos dentro del monstruo natural, como una extensión del mismo.
Aquí hay varias ideas interesantes: 1.-La naturaleza, ya sea a través de sus animales o sus elementos, intenta destruir al hombre. 2.-Los animales son entes hambrientos de sangre que cazarán a los seres humanos sin importar qué, para devorarlos sanguinariamente tras una muerte horrible, por tanto no poseen un intelecto superior, sólo una ventaja física, por lo que se les retrata como irracionales bestias salvajes y estúpidas en ocasiones. 3.- La naturaleza, de no ser domada, es un ente desconocido, salvaje y destructivo que yace en esos territorios donde el hombre no abunda, por lo que las civilizaciones son refugios de dicho monstruo lejano.
'Antropocentrismo' es la mejor manera de definirlo: la idea de que todo gira en torno al hombre. Habría que hacer varias notas al respecto: los animales son, en su mayoría, oportunistas. Cazarán al más débil, al enfermo, al viejo, ya que la supervivencia es algo complejo y por tanto no pueden gastar energías cazando solo porque sí. Si una cacería resulta fútil, sencillamente se rinden y esperan por la siguiente presa, difícilmente se obsesionan personalmente con una sola presa si su objetivo es alimentarse nada más. Después, puesto que cada especie ha evolucionado para digerir solamente ciertas plantas y animales, de forma que cada animal tiene sus propios depredadores y presas, es estúpido pensar que en su mayoría desearían devorar seres humanos cuando a veces ni siquiera pueden digerirlos. Es bien sabido que los tiburones, por ejemplo, no pueden digerir tan fácilmente la carne humana debido a nuestra alimentación y por tanto no gustan de comernos solo porque sí, usualmente si ocurre un ataque, es debido a confusiones del animal.
En último puesto está la idea más interesante: la naturaleza no intenta destruirnos porque no es un ente consciente. La naturaleza es un conjunto coordinado de ciclos y elementos físicos que permiten la reproducción de los seres vivos maravillosamente, pero no intenta destruirnos. Todas las ocasiones en las que las mega extinciones han tenido lugar, cinco veces antes de nuestra era, la naturaleza se auto-destruyó acabando con toda la vida, por lo que la siguiente mega extinción que se proyecta para los siguientes siglos no tiene como objetivo acabar con el ser humano (porque nosotros la causamos), no tiene ningún objetivo, solo ocurrirá acabando con el 97% de las formas de vida. No es personal, digamos.
Si ahondamos en esta idea de la naturaleza como algo monstruoso, retratada tan seguido en las películas y libros eurocentristas, entenderemos que a lo que se teme es a lo desconocido, a lo lejano. La idea de la naturaleza monstruosa es, por supuesto, un ideal de los conquistadores europeos que insistían en la división entre el hombre y el medio, que hablaban del orden, la higiene y el control, de lo racional y lo irracional, de la separación entre hombres y mujeres, de los animales como entes sin alma y cosas así. Lo que refleja es una necesidad de separar lo de afuera de lo de adentro, lo salvaje de lo civilizado, para traer el orden y acabar con la incertidumbre.
Es la misma línea de pensamiento que estipula que en las investigaciones científicas debe de aislarse lo más posible aquello que desea estudiarse para entenderlo por sí mismo y minimizar las variables y errores durante la investigación: aquello que elimina la incertidumbre, la coincidencia, el accidente y solo se centra en el conocimiento, en lo racional, en lo ordenado.
Lo que refleja son dos cosas: el deseo de entender la naturaleza para dominarla y la humanidad como dueña de la naturaleza. En un sentido estricto lo que se piensa es que este ente enorme y monstruoso, que son los mares, los bosques, las selvas, lo inconmensurable, puesto que es defendido por el clima y sus animales, es algo caótico, desordenado, desconocido y variable a lo que hay que temerle pues no lo entendemos/conocemos y por tanto no lo dominamos y debe de ser temido o conquistado.
Los nativos que la habitan, por tanto, son necesariamente hostiles, salvajes, retrógrados e ignorantes pues viven con la naturaleza y la conocen y por tanto se les piensa como enemigos o iletrados dependiendo de quien los retrate. 
Es una noción muy extraña de la otredad donde la naturaleza, los animales, lo salvaje, son un otro ajeno y desconocido cuyo objetivo es hacerle daño al inocente explorador que llega a visitarlos.
Está ligada con la muy común noción de los conquistadores como seres piadosos trayendo la civilización a lo salvaje para el bien de los nativos necesitados e ignorantes para salvarlos de su propia ignorancia, pues, al parecer, ellos no saben que son animales salvajes y no conocen nada mejor, o algo así.  
Aquí yacen el desconocimiento y falta de reconocimiento del otro, donde el conquistador se pinta como lo avanzado, lo civilizado, lo racional, lo bueno, lo correcto; y el nativo, los animales y la naturaleza son por tanto irracionales, incivilizados, salvajes, caóticos y por ende requieren ser ordenados para no ser desconocidos para ser dominados. No se les piensa como iguales, sino como inferiores, y por tanto no pasa por nuestra imaginación la idea de lo distinto, de lo diverso, de lo diferente, de lo equitativo, o del respeto, pues.
La naturaleza tienes sus ciclos, ciclos que los animales y las plantas conocen, ciclos con los que están familiarizados aquellos seres humanos que viven en constante contacto con ella. Cuando uno se vuelve consciente de lo que habita a su alrededor, deja de ser desconocido, deja de ser algo a lo que hay que temerle, deja de ser un monstruo. Es entonces cuando las particularidades con las que hay que tener cuidado, aparecen: animales peligrosos, plantas ponzoñosas, insectos venenosos, cuestiones de las que hay que cuidarse, no así de todo el conjunto que representa una zona natural. En ese sentido, conocer la zona que se habita y coexistir con ella no resulta salvaje sino inteligente, pues los nativos se salvan de vivir en constante terror, rodeados de pura incertidumbre, y comienzan a reconocer su entorno y participar de él o aprovecharlo. 
El conquistador que teme a la naturaleza pasa entonces a ser el ignorante, pues a todo teme, nada entiende, y llega directamente a destruir aquello que considera caótico y desordenado. Es totalmente ajeno a irracional, inconsciente de su alrededor y cegado por su propio conocimiento.
Algo así sucede en las ciudades: puesto que al final sí nos conquistaron, los citadinos llevan generaciones enteras alejados de la naturaleza, por lo tanto le temen, no la entienden y con toda la facilidad del mundo, la destruyen. Los citadinos son ignorantes, inconscientes y comodinos, como parásitos. Consumen películas que retratan a la naturaleza como algo ajeno, tiran basura y consumen como animales inconscientes del daño ecológico y la contaminación. Su inconsciencia está basada en el dinero, el entretenimiento y las apariencias, sustentada por el consumismo y atenuada por las masas, el anonimato y la conglomeración.
Lo interesante de pensar a la naturaleza como un otro ajeno es ser inconsciente de que los ciclos naturales son algo omnipresente que se lleva a cabo en todo el planeta, sin los cuales no podríamos ni hacer digestión ni respirar. La lluvia es algo universal. El viento es algo universal. También las plantas entre los adoquines, las estaciones, el día y la noche. La naturaleza es algo inescapable y por tanto es estúpido temerle y abusarla. Ni siquiera los animales son tan inconsciente como lo es el citadino promedio.
En la naturaleza los animales nos huyen porque saben que somos problemáticos, y nosotros les huimos porque somos ignorantes la mayor parte del tiempo. ¿Qué tanto se puede decir que avanzó la civilización si llegamos a un punto en el que desconocemos a la naturaleza al grado de rechazarla totalmente y pensar que podemos escapar de ella o dominarla?, ¿qué tan grande es nuestro ego?, ¿qué tan inteligentes tenemos que ser para entender que somos los únicos animales que temen a los ciclos naturales?, ¿qué tan estúpidos somos para ser ignorantes en plena cuna de la tecnología?
En el mejor de los casos reintegraríamos a la naturaleza en las ciudades, sin controlarla para que se recupere, y así poder salvarnos, a plena consciencia de que si hay plantas, habrá animales, y sabiendo cómo tratarlos y coexistir con ellos. En el peor de los casos, apuntaremos a que las ciudades se parezcan a los paisajes de Tron (Disney), donde todo es metálico, brillante, higiénico e inmaculado. Pendejo, pues.
Haría que entender que puesto que somos animales, necesitamos al medio natural para sobrevivir. Pero es más fácil seguir viendo Netflix, donde series como The OA, retratan el retorno a la naturaleza como algo degenerativo, monstruoso, enfermizo, irracional y fanático. 
Sí, eso es mejor.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

El Inicio de la Vida en la Tierra (Mito Central)

En un inicio había nada, y en medio de esa imponente vacuidad, toda la materia existente yacía unificada. Dos fuerzas cíclicas equitativas...